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Función y Importancia de las Células Gliales

Si te pregunto cuáles son las células de nuestro cerebro las que nos permiten caminar, pensar o estar viendo este vídeo ahora mismo, seguramente me respondas con total confianza las neuronas. Y esto es cierto, en parte. Las neuronas han recibido muchísima atención tanto por parte de la comunidad científica como de la sociedad en general. Raro es que no te suene lo que es una neurona. Pero no son ni de lejos las únicas células de nuestro cerebro, ya que hay muchas otras células que a pesar de no ser tan conocidas, son igual de importantes para que nuestras neuronas y nuestro organismo en general funcionen correctamente. Es un poco parecido a lo que ocurre en las películas. El trabajo más visible es el de los actores y las actrices, que son las caras conocidas, las populares. Pero esa película no sería posible si las personas que se dedicasen a su guión, dirección, música o producción. El trabajo de todas esas personas que no aparecen en pantalla es igual de importante para que el resultado sea bueno. Y lo mismo pasa en nuestro cerebro. Las neuronas son importantes, pero no serían nada sin esas células que las sostienen, las alimentan y las protegen. Hoy, la hiperactina, hablamos de la glía. Antes que nada, quiero agradecer a los patreons del canal por haber votado el tema de este vídeo, al que sinceramente le tenía muchas ganas, y por apoyar el contenido que hago. Si quieres ayudar a que siga creando estos vídeos porque crees que aportan algo, puedes hacerlo a través de una aportación mensual en Patreon, que si lo piensas puede ser equivalente a invitarme un café o una cerveza al mes. Y así apoyas al canal para que siga creando vídeos. Ahora sí, vamos con el vídeo. En realidad si lo pensáis, es como que en este canal me dedico un poco a hacer justicia a aquellos órganos o partes del cuerpo que hacen cosas maravillosas pero que no tienen el reconocimiento que se merecen. Le hicimos un vídeo al sistema linfático que a pesar de ser tan importante como el sistema cardiovascular, Apenas lo conocemos ni lo estudiamos en el colegio. Hablamos del bazo, ese órgano que es más conocido por cuando la caga o hace algo mal que por todo lo bueno que hace por nuestro cuerpo. Y en el vídeo de hoy vengo a hacer justicia a las células más marginadas de nuestro cerebro, las células gliales. Las células gliales o glia, como vas a ver a lo largo de este vídeo, son distintos tipos de células con formas diversas que se encuentran repartidas por todo nuestro sistema nervioso. Y esto incluye nuestro sistema nervioso central. que está formado por el encéfalo y la médula espinal, y también a nuestro sistema nervioso periférico, formado por neuronas y nervios que se reparten por el resto del cuerpo. No obstante, a pesar de que las células gliales formen parte de nuestro sistema nervioso, no transmiten impulsos eléctricos como lo hacen las neuronas. En su lugar, la función de estas células es actuar como una especie de equipo de soporte de nuestras neuronas. Por ejemplo, participando en su desarrollo, proporcionándoles alimento e incluso ayudándolas a recuperarse tras una lesión. Y a pesar de que las células gliales tienen funciones maravillosas que me muero de ganas de contarte, tengo que parar un momento aquí para analizar su nombre, células gliales. Este nombre para empezar ya es un poco insultante porque tengo que decir que glia proviene de la palabra griega para glue o pegamento en inglés. Ya que cuando fueron descubiertas siglos atrás, se pensaba que las células gliales eran una especie de mero pegamento que unía la masa de las neuronas y las mantenía en su sitio, pero sin mucho más. Por suerte, y con los años y gracias a la investigación científica, fuimos dejando un poco atrás esa idea tan aburrida de las células gliales y fuimos descubriendo muchas de sus funciones. Está claro que las neuronas son importantes, ¿vale? O sea, no hemos venido a negar eso, no somos negacionistas de las neuronas. Aunque ya poco me sorprendería, la verdad. ¿Pero qué harían las neuronas sin alguien que las alimentase, que las mantuviese a gustito en un entorno adecuado para poder trabajar? Pues obviamente, poca cosa. Es por eso que para empezar, quiero hablarte de los astrocitos. Tengo que reconocer que el nombre de astrocitos ya es bastante más cool y más mono, ya que astrocitos significa literalmente células estrella. Y si observamos la imagen de un astrocito, entenderemos rápidamente por qué. Por favor, mira qué cosita. Los astrocitos se encuentran en el sistema nervioso central, concretamente en nuestro cerebro y médula espinal. Y una de sus funciones más importantes es la de intervenir en la transmisión del impulso nervioso entre neuronas. Hasta ahora habíamos explicado la transmisión del impulso nervioso del siguiente modo. Tenemos el extremo de una neurona, un espacio llamado sinapsis y el extremo de otra neurona. Y esa señal eléctrica, ese impulso nervioso, se transmitiría de una neurona a otra a través de unas moléculas llamadas neurotransmisores. Un neurotransmisor es una molécula que permite la comunicación entre neuronas, es decir, la transmisión de información de una neurona a la otra. De hecho, ya vimos en el anterior vídeo cómo funcionan. Una neurona libera un tipo de neurotransmisor, por ejemplo dopamina o serotonina, este viaja a través de la sinapsis y finalmente es captado por los receptores de la siguiente neurona, transmitiéndose así la señal. Pero la cosa es que esto no tiene por qué ser siempre así. Hasta ahora habíamos definido la sinapsis como el extremo de una neurona conectada al extremo de otra neurona, pero lo cierto es que muchas sinapsis están formadas por un tercer elemento. El extremo de un astrocito conectado a esta sinapsis, ayudando a regular ese impulso nervioso. ¿Y cómo pueden los astrocitos regular una sinapsis? Pues por ejemplo, los astrocitos participan en un proceso llamado recaptación de neurotransmisores. Es decir, cuando un neurotransmisor se ha liberado la sinapsis y ya ha producido su efecto, es necesario quitarlo de en medio para cesar esa señal que ya no hace falta. Para ello, los astrocitos utilizan unas proteínas especializadas de su membrana. para recaptar de nuevo esos neurotransmisores y poder reciclarlos en su interior. No solo eso, sino que los astrocitos son capaces de liberar moléculas que amplifican o disminuyen el impulso nervioso y, por tanto, la actividad de nuestras neuronas, como si fuera una especie de director dando instrucciones a los actores de una escena sobre cómo tienen que actuar. Y ojo, no un director cualquiera. Para que te hagas una idea, un solo astrocito puede estar conectado a miles de sinapsis entre muchas neuronas distintas. Bastante fuerte la cosa. Aún así, como te puedes imaginar, los astrocitos hacen muchas más cosas. Por ejemplo, tal vez sepas que la glucosa es la principal fuente de energía del cerebro. Pues los astrocitos son una reserva muy importante de glucosa en el cerebro. Esto permite que cuando las neuronas necesitan energía, por ejemplo porque están muy activas, los astrocitos pueden utilizar esa glucosa que contienen en su interior para aportar combustible a las neuronas. Pero evidentemente esta fuente de energía es limitada, al final se trata de una reserva finita de glucosa. Es por eso que el cerebro, al igual que cualquier tejido de nuestro cuerpo, necesita un aporte constante de nutrientes y oxígeno a través de la sangre. Pues bien, los astrocitos también son capaces de regular el flujo de sangre que llega al cerebro, lo cual en realidad es brutal porque si hay una zona del cerebro que de repente tiene mucha actividad, Los astrocitos pueden aumentar el aporte de sangre a esa zona. Mira, no cabe duda que los astrocitos son una especie de supercélula con un poder increíble para influir sobre la actividad de nuestras neuronas, ya sea pues aportándoles más o menos glucosa, regulando la intensidad de su impulso nervioso o controlando si les llega más o menos sangre. Empezamos fuerte. Pero las siguientes células que quiero comentarte hoy no son menos importantes ya que por mucho nutriente y oxígeno que les llegan las neuronas, el sistema nervioso tal y como lo conocemos hoy en día no sería posible sin una estructura perfectamente diseñada para que las células para transmitir el impulso nervioso a una velocidad increíblemente rápida. Las neuronas son probablemente de las células más reconocibles que existen ya que tienen como una forma muy característica. Están formadas por el cuerpo de la neurona, que es este de aquí, por las dendritas, que son las prolongaciones a través de las cuales la neurona recibe el impulso nervioso, y por el axón, que transmite ese impulso nervioso hacia la siguiente neurona. Es decir, el impulso nervioso viaja a través de los axones de las neuronas, y no precisamente de forma lenta. Se estima que la velocidad a la que se transmite puede alcanzar los 120 metros por segundo. ¿Cómo es posible que nuestras neuronas alcancen tal velocidad? Pues en realidad nuestro cuerpo tiene un sistema muy chulo para hacer que ese impulso nervioso sea lo más rápido posible, y es algo parecido a la estructura que tiene un cable. Tal vez sepas que un cable se trata de un filamento de cobre por el que pasa la electricidad, recubierto por una superficie aislante de plástico. Con las neuronas pasa algo parecido. Sus axones vendrían a ser ese cobre por el que se transmite el impulso nervioso, solo que en lugar de plástico, nuestros axones están recubiertos por fragmentos de mielina, una sustancia grasa que actúa como una capa aislante de la electricidad y que permite que el impulso nervioso viaje de manera más rápida y eficiente. ¿Y esta mielina de dónde sale? Pues precisamente de las células gliales, y concretamente de dos tipos. En nuestro sistema nervioso central son los llamados oligodendrocitos los que forman la mielina. Se tratan de células con forma de algo así como una especie de bolita con prolongaciones que envuelven los axones, formando la capa protectora de mielina. Bolita con prolongaciones, una carrera de biomedicina para acabar diciendo bolitas con prolongaciones. En cambio, en nuestro sistema nervioso periférico son las llamadas células de Schwann las que realizan esta función. Y a pesar de que tienen una forma bastante más básica que la de los oligodendrocitos, las células de Swan tienen otras funciones muy interesantes. Por ejemplo, cuando se produce un daño en nuestros nervios, éstas intervienen en su curación, produciendo sustancias que les ayuden a regenerarse y fabricando nueva mielina que los recubra y los proteja. Y esto es súper importante porque sin una mielina que aísle correctamente nuestros nervios, el sistema nervioso puede tener graves problemas a la hora de funcionar. De hecho, esto es algo que ocurre en algunas enfermedades como la llamada esclerosis múltiple, en la que se cree que el sistema inmunológico del propio cuerpo ataca por error a las vainas de mielina, lo que hace que los impulsos eléctricos entre el cerebro y el resto del cuerpo sean más lentos. Esto, por supuesto, conlleva consecuencias como alteraciones de la visión, debilidad de los músculos, problemas con la coordinación y el equilibrio, y hasta problemas de memoria y depresión. Bueno, hasta ahora estamos viendo... Células gliales que tienen un papel indispensable para nuestras neuronas. Les aportan nutrientes, regulan sus sinapsis y hasta permiten que su impulso nervioso viaje mucho más rápido. Pero todo esto no sería posible sin otro factor de la ecuación. Tal y como reitero varias veces en mi libro ¿Qué puede salir mal? ¿Cómo sobrevivir a un mundo que intenta matarte? Porque básicamente ese es el plot del libro. Nuestro cuerpo está constantemente expuesto a sustancias y microorganismos que lo ponen en peligro. Es por eso que no estaríamos donde estamos si no contásemos con un buen sistema de defensa preparado para contraatacar ante cualquier amenaza que nos aceche en este mundo hostil, más aún si lo que quieres proteger es algo tan importante como el cerebro. Por si no te parecía suficientemente cool hasta ahora, nuestro sistema nervioso cuenta con sus propias células de defensa, la llamada microglía. La microglía son células algo más pequeñas que el resto de células gliales que hemos ido viendo, de ahí que se llame microglía, pero no por ello menos impresionantes. Son pequeñas pero matonas. Las células de nuestra microglía se encargan de deambular por el cerebro en busca de posibles daños, lesiones o microorganismos peligrosos. Si la microglía detecta un peligro, ésta se activa y desencadena una respuesta de defensa que reclutará a más células inmunitarias para intentar cargarse a lo que esté causando ese daño. Para poder combatir las infecciones, las células gliales son capaces de básicamente dos cosas. Por una parte, engullir células muertas, toxinas o patógenos que puedan estar implicados en la lesión, o sea, actúan como una especie de aspiradora cerebral. Pero por otra parte, también son capaces de liberar toda una serie de sustancias que activan la inflamación. La inflamación es un proceso natural del organismo que favorece la respuesta del sistema inmunitario y por tanto la curación de una lesión. No obstante, una inflamación excesiva y prolongada en el tiempo puede llegar a ser perjudicial. Es por eso que la microglía ha recibido bastante atención por parte de la comunidad científica debido a su posible implicación en enfermedades neurodegenerativas tan conocidas como la enfermedad de Alzheimer. Se sabe que las células de la microglía se activan en muchas enfermedades neurodegenerativas, desencadenando procesos de inflamación que podrían estar implicados en estas enfermedades. Pero bueno, sea como sea, el papel fundamental de esta microglía y del resto de células gliales en nuestro organismo es indiscutible. Y esto que te he contado, todo lo que has visto en este vídeo, es sólo el principio. Año tras año vamos conociendo mejor el papel de la glía tanto en nuestra salud como en la enfermedad. Pero no queda duda de que todavía queda un largo camino por recorrer y muchísimas incógnitas que resolver. Hasta aquí el vídeo de hoy, espero que te haya gustado conocer un poco mejor estas células increíbles. Cabe decir que os he querido explicar las pteroelas gliales más conocidas, pero que evidentemente existen otros tipos, pero bueno, no me cabían todas en un solo vídeo porque si no esto iba a ser un documental. Pero que sepáis que podéis informaros vosotros mismos con los links que siempre dejo en la descripción. Quiero que me digáis abajo en comentarios si conocíais la existencia de estas pteroelas gliales O por el contrario, no sonaban de nada y os acabáis de enterar de que tenéis eso en vuestra cabeza. Y por supuesto, quiero que por favor hagamos justicia a las células gliales y compartáis este vídeo con vuestros amigos y con toda la gente que sea posible para que así todo el mundo las conozca, lo cual me parece cuanto menos bastante justo. Y así de paso también le damos un pequeño push al algoritmo. Si os gusta este contenido y aprendéis algo con él, la mejor forma de apoyarlo es a través de Patreon. Con una aportación mensual a elegir, podéis ayudar a que siga creando estos vídeos. Recordad también que hacemos directos cada semana en Twitch y que todo lo que hago, todo en esta vida, lo anuncio siempre por Instagram, ¿vale? Así que no os olvidéis de seguirme por ahí para no perderos nada. Nada más, gracias por estar ahí una vez más y nos vemos a la próxima. Seguramente me respondas con total sinceridad... No, seguridad. Pero no son ni de lejos las únicas células de nuestro cerebro, ya que hay muchas otras células que a pesar de no ser tan conocidas... Antes que nada quiero agradecer a los patreons. Y en el vídeo de hoy vengo a hacer justicia. Hoy quiero empezar hablándote de los astro... Es por eso que para empezar hoy quiero hablar... Conocemos hoy en día, no sería posible sin una estructura increíble... Nuestro sistema nervioso en general no sería posible... Nuestro sistema nervioso no sería lo mismo... hago frases tan largas que me ahogo